Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Friday, September 23, 2016

Sobre «Dios» — Contexto teórico


Recién en un foro alguien preguntó:

«¿Por qué los ateos no respetan las creencias de los teístas? ¿Por qué algunos teístas se aferran a fragmentos de sus textos sagrados sin respeto hacia las pertinentes conclusiones científicas que los desmienten?»

Mi comentario:

También me ha interesado entender por qué las personas creen lo que dicen creer —empezando por mí mismo. Así que desde hace algunos años he indagado algunas perspectivas en el amplio panorama de creencias tanto religiosas como científicas. Sí he encontrado dogmatismo en ese panorama y no he encontrado a nadie que esté completamente limpio de esa posición. Pero también he notado un rasgo en las perspectivas más cultivadas: su dogmatismo no es final, sino moderado o provisional. Me ha llamado la atención que ese rasgo lo he encontrado tanto en perspectivas religiosas como también en perspectivas científicas. Los tipos de perspectivas con ese rasgo frecuentan la autocrítica como parte de sus métodos de indagación y eso los lleva a conclusiones válidas sólo en su debido contexto, afuera del cual no tienen sentido.

Por otro lado, también he notado que las perspectivas más descuidadas (es decir, menos cultivadas o del todo vulgares) tropiezan precisamente en ese último punto: no demuestran un entendimiento cabal de una perspectiva opuesta pues la presentan y la denuestan por fuera de su debido contexto.

Ahora, el asunto de exigir respeto hacia una opinión es algo que realmente me intriga: ¿con base en qué se hace semejante exigencia? Ver: Persona y opinión.

Sunday, August 28, 2016

Sobre «Dios» — Fe vs educación


Recién en una conversación escuché que una cristiana “perdió su fe” por causa de haber leído un libro sobre los métodos y los resultados de algunas investigaciones históricas acerca de las tradiciones textuales que dieron lugar al Nuevo Testamento. Abatida por la tristeza de su pérdida, y guiada por el deseo de recuperar su fe y volver a creer lo mismo que antes creía, buscó leer algún libro que se la devolviera, pero eso no le ha funcionado para recuperar sus creencias anteriores.

Hace aprox. siete años, empezar a leer libros sobre la historia del Nuevo Testamento ciertamente me ayudó a hacer una pausa en el recorrido en mi judeocristianismo y a pensar más a fondo mis creencias y mis fines últimos para ese recorrido.

La lectura de tales libros ocurrió en un momento oportuno, después de 40 años en varias formas de judeocristianismo —los 20 últimos profundamente involucrado en una secta fanática—, un momento cuando inicié a familiarizarme con la investigación histórica del Nuevo Testamento y también con diversas teologías judeocristianas. Leer esos libros me llevó a leer otros libros, de diversidad de autores, sobre otras investigaciones relacionadas.

Mi conclusión a la fecha, en breve –creencias aparte: hoy en día es de importancia primordial informarse y educarse adecuadamente sobre los métodos y el tipo de resultados de la investigación histórica del Nuevo Testamento.

Si la persona aludida al inicio valora ese tipo de educación, entonces leer libros sobre investigación histórica sería algo edificante. Los puntos medulares de ese tipo de libros no están relacionados con cuestiones de fe, sino con educación. Hay un montón de libros sobre cualquier tipo de fe y también sobre cualquier tipo de educación. El punto es no confundirlos.

Saturday, August 13, 2016

Sobre «Dios» — Retrospectar para prospectar


¿Por qué mi interés en lo judeocristiano si ya no tengo interés alguno en pertenecer o seguir esas tradiciones religiosas?

Hay varias razones. Una es que me interesa la historia del asunto como medio para entender mejor cómo fue que mi crianza me llevó a pertenecer y a seguir esas tradiciones judeocristianas. El interés, en el fondo, es conocerme a mí mismo: quién he sido como producto sociocultural durante la mayor parte de mi vida. Hacer retrospectiva ayuda para mirar mejor hacia adelante. El mundo puede ser algo muy grande y hacia adelante me interesa conocerlo más y mejor. Por lo que entender mejor lo judeocristiano me parece necesario para dejarlo atrás y distanciarme mejor de eso para entonces conocer otras perspectivas realmente distintas. No veo razón para insistir en mirar el mundo sólo a través de cristales judeocristianos. No tengo ninguna fijación o apego a lo judeocristiano. Hay muchos otros pueblos con legados importantes en el mundo más allá del pueblo israelita y sus tradiciones semitas. Rechazo el anti-semitismo pero eso no implica que deba por fuerza aceptar y adherirme a un chovinismo semítico. Ahora desprecio profundamente a los sectarismos como para repetir la torpe, miope y fanática actitud de tomar partido ideológico.

Sunday, August 07, 2016

Sobre «Dios» — Método histórico-crítico


Indagar sobre la historia del judeocristianismo, en toda su diversidad, ha sido algo muy interesante pues es un tema inagotable. Claro, el horizonte de investigación se presenta enorme debido a las perspectivas del método histórico-crítico para estudiar el asunto. Ese método me parece ahora una muy buena base para que se desarrollen y cultiven otras formas constructivistas de judeocristianismo en el futuro.

Una enorme cantidad de personas hoy se identifican con alguna forma de judeocristianismo y esa identidad será parte de su legado para sus generaciones por venir. No es plausible que esa cantidad de personas cambie de pronto su legado religioso hacia algo distinto, por ejemplo, como el budismo zen o hacia una religión prehispánica azteca o maya. Lo más probable es que las nuevas generaciones, una vez que sus antecesores hayan desaparecido, enfrenten la necesidad de reinterpretar su herencia religiosa judeocristiana a la luz de la realidad que entonces habitarán.

Por ejemplo, esas generaciones jóvenes necesitarían nuevas teorías teológicas para interpretar su herencia judeocristiana en un mundo donde la ciencia y la técnica no dominan su cosmovisión sino tan sólo son instrumentales para sus fines ideológicos propios. Las cosmovisiones judeocristianas seguirán imperando, hay poca duda de eso. Pero es preferible que lo hagan ya no por medio de las interpretaciones caducas de sus progenitores, sino por medio de interpretaciones más razonadas, más incluyentes, menos temerosas de lo distinto, y, por tanto, más edificantes.

Una manera para lograr mejores interpretaciones de los judeocristianismos es regresar a los básicos del análisis histórico-crítico de dichas tradiciones. El punto de partida es reconocer que las formas de catolicismo y las formas de protestantismo, así como las formas ortodoxas griegas, junto con las formas de islamismo, son todas formas derivadas de las tradiciones antiguas a partir del judaísmo de Abraham. En combinación con las formas de judaísmo reformado que propuso uno de los judíos más famosos: Jesucristo.

La materia de estudio histórico, entonces, si consideramos los antecedentes del judaísmo, se remota aproximadamente a dos milenios antes de la Era Común. Por lo que no se puede abarcar de manera “práctica” —palabra usada con frecuencia en un abuso del lenguaje para disfrazar lo que en realidad es negligencia.

Después de aproximadamente 40 años de diversas vivencias en diferentes judeocristianismos, y sin considerarme ya parte de ninguno de ellos, una pieza de mi legado serían algunas reflexiones sobre dichas vivencias pero desde las perspectivas del método histórico-crítico. Por ejemplo, la manera en que ahora he respondido al llamado de la espiritualidad pero sin ser capaz de aceptar los dogmas de esas formas de judeocristianismo.

Encuentro que mis vivencias en el judeocristianismo tienen algunas notables coincidencias con las vivencias personales narradas por Elaine Pagels en su libro «Más allá de la fe». Por fortuna, su erudición en el método histórico-crítico y el alcance de sus hallazgos al aplicar dicho método en sus indagaciones sobre la historia judeocristiana no sólo le ha inspirado a ella, sino también a uno de sus lectores.

Sunday, July 17, 2016

Sobre «Dios» — Dios e infancia


Esta mañana, y la mañana de ayer, Facebook me recordó un par de notas de hace dos años:


https://www.facebook.com/marcodorantes/posts/10152318766933878

https://www.facebook.com/marcodorantes/posts/10152321336138878

Por ese tiempo, mitad de 2014, ya había transcurrido medio año de haber concluido mi primer seminario de introducción a la filosofía, el cual inicié en 2009. Ese seminario afectó de raíz, i.e., de manera radical, mis perspectivas en todos los ámbitos de mi vida personal, profesional, ciudadana, política, etc. La disposición por exponerme a tan sólo un pequeño fragmento de la historia del pensamiento filosófico, tanto oriental como noroccidental, tanto del norte como del sur, cambió por completo mi manera de interpretar quien he sido, en donde estoy y cuáles son mis miras hacia adelante.

Quizá la constatación más relevante, entre otras, ha sido el hallazgo de una enorme diversidad de perspectivas cultas, i.e., cultivadas, que otros han publicado como resultado de amplias indagaciones en la historia de las religiones, en estudios de religión comparada y en teologías de todo tipo.

Por supuesto, el recorrido por algunos de los proyectos epistemológicos en la historia de la filosofía de las ciencias ha sido el recorrido más provechoso para mi vida cotidiana y profesional. Un efecto neto, por ejemplo, se puede constatar en las propiedades arquitectónicas —propiedades emergentes que son objeto de indagación por la teoría general de sistemas o pensamiento sistémico— del tipo de soluciones de negocio basadas en software que he tenido oportunidad de crear antes y después de ese recorrido.

Pero el recorrido tanto por las heterodoxias como por las ortodoxias teológico-religiosas ha sido el más provechoso para la madurez de mi vida interior y para el cultivo de mi cosmovisión personal. Hay tanto de qué tomar conciencia en temas teológico-religiosos, sobre todo en la íntima relación que guardan con los graves problemas que aquejan a nuestras sociedades hoy; en particular su papel en el pensamiento unidimensional que alimenta el fanatismo en todo tipo de ámbitos sociales.

Uno de los posts referidos en el párrafo inicial remite a un libro de Albert Biesinger, y el otro post alude a la distinción entre ética y teología. Una pregunta relevante para reflexionar sigue siendo: ¿cómo ejercer mejor el papel que jugamos los adultos ante los niños en cuanto a mejorar nuestras interpretaciones de la realidad?

Como suelo decir con regularidad: toda valoración crítica sobre cualquiera de mis publicaciones —aquí o en mis otros blogs— será muy bienvenida. De antemano sé que el error está presente en mis perspectivas, el reto es identificarlo de manera clara y precisa con la ayuda de otros. Así será posible cambiar o mejorar atinadamente lo que debe ser cambiado o mejorado para lograr algún tipo de crecimiento. El crecimiento como madurez, no como acumulación o repetición de lo mismo, es la necesidad principal.

¿Es posible una discusión edificante, adulta, sobre «Dios» en un espacio público como este? Está claro que la dificultad no es poca ni es trivial. El esfuerzo implicado puede desalentar a cualquiera pues quizá este medio simplemente es para otras cosas y no es para algo que requiera semejante esfuerzo. Sin embargo, puede ser un tema muy caliente, quiero decir, de mucha importancia personal pues toca creencias muy propias, muy íntimas y veneradas por tradición personal, familiar e incluso tradición tribal o social.

Al decir «discusión» me refiero a examinar atenta y particularmente un tema y sus aristas. Al decir «adulta» me refiero a enfrentar con seriedad la posibilidad de estar equivocado en las creencias propias sobre el tema. Al decir «edificante» me refiero a tomar mayor conciencia sobre alguna equivocación personal sobre el tema. Al decir «Dios» me refiero a la palabra y sus posibles referentes —no solamente desde las narrativas judeocristianas.

Un resultado típico de intentar tal discusión suele ser nunca un debate serio sino tan sólo una opinadera llena de insultos, malentendidos y dolorosos desencuentros —sin mencionar la cantidad de tiempo desperdiciado.

Las condiciones, pues, para lograr una discusión adulta al respecto podrían, quizá, no estar dadas y sería un sinsentido intentarlo y un desperdicio de tiempo —tiempo que demanda ser dedicado a otras cosas de mayor provecho. Sin embargo, el riesgo sí está dado: errar el tiro en este tema podría significar la diferencia entre permanecer contribuyendo a los graves problemas en la sociedad, por ejemplo, el fanatismo, y ayudar a frenar dichos problemas.

¿Para qué discutir sobre «Dios»? Por ejemplo, para comparar notas sobre la búsqueda personal sobre el sentido último de preguntas como «¿de dónde vengo?», «¿qué hago aquí?», «¿hacia dónde voy?» Por supuesto, tal discusión permanecería dentro de los límites de lo expresable de manera inteligible por el lenguaje. Si por «Dios» también incluimos lo inefable, entonces eso simplemente no puede ser expresado en palabras y se discute de una manera indirecta. Discutir de manera directa sobre «Dios» usando palabras no es tanto sobre «emoción» (sentimiento hondo), sino más bien sobre «intelección» teológica: es decir, sobre tener una idea clara de lo discutido.

El título del libro referido menciona a los niños, pero en general se aplica también para todo infante bajo tutela intelectual y espiritual. Ese tipo de tutela es inevitable y normal en la granja de la cultura humana, pero también ahí el exceso de tutela resulta muy dañino para las facultades del infante en desarrollo. El exceso de tutela causa todo tipo de discapacidades intelectuales y espirituales. Por ejemplo, provoca una disminución intelectual por la cual el infante queda incapacitado para cuestionar nociones cuya única base es un tipo de tradición apática o pereza mental; la noción de un dios antropomórfico es quizá un buen ejemplo de tales nociones.

Sunday, June 12, 2016

Sobre «Dios» — Ciclos de fanatismo y escisión


El estudio y la reflexión histórica sobre los judeocristianismos son parte de conocer quién he sido, qué me ha ocurrido, de qué he sido parte en el pasado, quién soy ahora, y hacia dónde voy. A continuación una reflexión sobre las posibles causas del patrón recurrente de escisión y fanatismo en algunos grupos judeocristianos.

¿Qué busca el judeocristianismo vernáculo? Mejor dicho, ¿qué busca el conjunto de grupos populares judeocristianos? ¿Buscan a los dioses sobrenaturales judeocristianos? ¿Buscan mantener sus arraigados sentimientos moralizantes? ¿Todo eso y más hasta someter al mundo entero a los pies de su idea de un judío que vivió en la Palestina antigua?

Pero entonces, ¿por qué su búsqueda gira y gira alrededor de lo mismo? ¿Cómo encontrar algo con ese tipo de búsqueda? ¿Están buscando algo realmente? Me refiero a que ahora el grupo de seguidores de Kip McKean en la Ciudad de México se llama ICI: www.icicdmx.mx.

Ahí dicen: “el antiguo movimiento” y el “nuevo movimiento”, pero ¿no es de nuevo la misma historia de escisiones en los judeocristianismos tal como ha ocurrido desde sus inicios?

¿Será acaso que los que fuimos atraídos, o son atraídos, a este tipo de sectas necesitaríamos algo de ayuda profesional? Es probable que tanto abuso, dado y recibido, deje daños perdurables. También, quizá, hay algún tipo de adicción en el fondo. Adicción al control, al poder sobre otros, y adicción a ser controlado y a doblar la rodilla ante algún así llamado “líder” como excusa para huir de nuestras propias responsabilidades.

Por otro lado, algunas de las cartas en Internet que denuncian los abusos tienen un rasgo curioso: el que denuncia se da cuenta de que la forma de judeocristianismo que está abandonando no es la forma verdadera como debe ser el judeocristianismo, y para apoyar lo que dice hace lo mismo que hacen sus abusadores: cita la Biblia. Al parecer, no toman conciencia de que están persiguiendo un espejismo. ¿No se han cuestionado su obstinación de lograr una forma verdadera de judeocristianismo? Quizá así siempre han sido las formas históricas de judeocristianismos: ciclos de fanatismo y escisión.

Además, aquellos que afirman que el Dios judeocristiano los ha llamado o que sienten muy profundo en su corazón (“deep, deep, deep in my heart!”) que el Dios judeocristiano quiere tal o cual cosa, o que no quiere tal o cual otra cosa (lo cual, muy conveniente, resulta coincidir con su opinión personal sobre un asunto) tendrían suficientes razones para buscar ayuda profesional, de tipo psiquiátrico.

La escisión particular entre la así llamada “Iglesia de Cristo” y el así llamado “Movimiento de Restauración” (Movimiento de Boston - ICOC), ocurrida el siglo pasado, y la escisión ocurrida en años recientes entre la ICOC y ahora ICC tienen, ambas, claro, un elemento en común: Kip McKean.

Parece que ya lo hizo dos veces. ¿Por qué hay gente que sigue a este personaje en estas escisiones judeocristianas? ¿Qué les ofrece a sus rebaños seguidores? Quizá esos rebaños están llenos de miedo por un supuesto mundo sobrenatural o no soportan el peso de sus negras conciencias.

También, en parte, podría ser la idea del orden celestial jerárquico propuesta por la teología católica de Tomás de Aquino en el medioevo (mucho antes de la escisión protestante de Martín Lutero). Quizá esos rebaños de Kip McKean se imaginan que el cielo judeocristiano es un sistema militarizado de estricto comando y control jerárquico. Quizá por eso deciden que un sistema eclesial “verdadero” debe normarse por la mano dura del poder jerárquico. Eso podría explicar por qué esos rebaños antes huyeron de algún catolicismo tradicional o de algún protestantismo moderado para unirse a lo que fue la forma extrema de la ICOC, y ahora vuelven a huir de una ICOC mitigada en búsqueda de la mano dura que les ofrece Kip McKean.

Esas formas de judeocristianismo, como formas de tribalismo, no parecen distinguirse mucho de los hábitos gregarios de acoso —¿bullying?— en muchas culturas humanas, donde el poderoso maltrata al subordinado y este a su vez maltrata a quien se deja.

No se puede negar otra posibilidad para el recurrente conflicto entre los judeocristianismos: el intento por monopolizar los alcances superiores de la condición humana: la espiritualidad; o, mejor dicho, la trascendencia espiritual.

Por supuesto, ese conflicto ya sobrepasa el ámbito de los judeocristianismos y abarca el conflicto entre no pocas tradiciones religiosas en la historia de la humanidad. Pues aquí ya estamos hablando nada menos que del conflicto entre las diversas respuestas a las preguntas más difíciles de todas: ¿de dónde venimos?, ¿qué hacemos aquí?, ¿hacia dónde vamos?

La muerte está ahí adelante segura, cerca o lejos, pero segura. Eso sí lo sabemos con certeza pues la muerte no requiere ningún tipo de fe. ¿Moriremos antes de saber si la vida humana tiene algún sentido último? ¿Es posible vivir una vida auténtica si se vive errado y perdido de ese sentido último? Las cuestiones son tan cruciales que pocos podrían vivir sin darse respuestas rotundas e innegables a dichas cuestiones. La necesidad de respuestas es tal que, en ocasiones, casi cualquier respuesta funciona; aun si el misterio de las preguntas tan sólo se traslada y se mantiene en las respuestas pero detrás de un velo de fe religiosa.

Ante tal necesidad de respuestas muchos judeocristianismos se han imaginado un supuesto mundo sobrenatural como explicación de lo que ocurre en este mundo natural y vinculan su forma de espiritualidad con el misterio detrás del velo de su particular tipo de fe. Según ellos, el ser espiritual es, principalmente, un sentimiento —el famoso “corazón”— hondamente basado en las presuposiciones que hacen sobre lo que habita detrás de ese velo.

De las diferencias entre esas presuposiciones provienen, en parte, los conflictos en la historia de los judeocristianismos. Las presuposiciones tienen que ser correctas y verdaderas pues hay mucho en riesgo: nada menos que la trascendencia espiritual. Eso también explicaría el nivel de encono y discordia en cada escisión judeocristiana a lo largo de su historia pues poseer y controlar las presuposiciones correctas y verdaderas significa mucho para ellos y para sus rebaños (a quienes tanto les cuidan “el corazón”).

Para mí, está claro que el error está en ese vínculo que hacen entre la espiritualidad humana y ese supuesto mundo sobrenatural. Ese error produce el adefesio de la espiritualidad sobrehumana.

Para mí, la espiritualidad es algo mucho muy importante como para arriesgar la base de su significado en algo tan poco convincente. Para mí, la trascendencia espiritual no presupone ningún mundo sobrenatural. La espiritualidad para mí es aquello que hace al humano convertirse en un ser humano y no, por ejemplo, en un roedor —sin que el ejemplo implique desprecio alguno a las especies roedoras—; en otras palabras, la espiritualidad como búsqueda por un sentido último para la existencia humana. Para mí, trascendencia espiritual es lograr una contribución que permanezca en la conciencia humana cosmopolita acerca de la búsqueda sobre ese sentido último de la existencia del animal humano.

Sunday, May 22, 2016

Sobre «Dios» — Debatir judeocristianismos. 2ª edición.


Nota: La primera edición fue «Debatir el judeocristianismo».

Una invitación a debatir sobre judeocristianismos puede ser una invitación interesante. Pero, sugiero ir con mucha calma pues la prisa suele ser con frecuencia la causa de muchos tropiezos de pensamiento en dicho tema. Primero, ¿para qué se quiere debatir? ¿Qué se busca lograr con debatir? La pregunta inicial pertinente no es por qué se quiere debatir algún aspecto en específico, sino para qué se invita a debatir. ¿Se puede dar un ejemplo de lo que se busca que ocurra si se acepta dicha invitación a debatir? ¿Se desea examinar a fondo algo de manera cooperativa o, por otro lado, se desea defender a capa y espada algún prejuicio ya establecido sin cuestionarlo? ¿Se busca el autocultivo y el aprendizaje propio —es decir, la mejora o el cambio de mentalidad— o sólo importan los excesos de la fe ciega o del total desdén hacia los relatos religiosos judeocristianos?

El diverso conjunto de judeocristianismos ciertamente es un tema de mi interés pues tengo muchas preguntas al respecto y, además, porque en mi pasado he invertido intensas emociones y muchos años en una vida congregacional judeocristiana. Digo ‘en el pasado’ pues después de cuarenta años abandoné toda forma de judeocristianismo y desde hace cinco años que me interesa el estudio de su historia como fenómeno sociocultural.

El ignosticismo es mi punto de partida para examinar los relatos religiosos judeocristianos. No dije ‘agnosticismo’, sino ‘ignosticismo’; es decir, mi punto de partida para examinar estos relatos debe ser el esclarecimiento de cuál es el referente de la palabra ‘dios’. ¿Qué es ‘dios’? ¿Qué se entiende por ‘dios’? Una vez acordado a qué nos referimos con esa palabra entonces una conversación inteligible podría proceder.

Si el referente se entiende como parte de un mundo sobrenatural, entonces yo no tengo nada que aportar a tal conversación pues yo no sé nada sobre eso. Es decir, mi posición epistemológica al respecto es el agnosticismo. Asimismo, dudo que quienes afirman saber de eso realmente sepan de lo que hablan.

Por otro lado, si el referente se entiende como parte de la condición humana, entonces la discusión sí me interesa mucho pues tengo muchas preguntas y una agenda de indagación sobre antropología filosófica.